Un temblor macondiano | Columna Z
El 10 de agosto, a las 7:34 de la mañana, Colombia dejó de fingir que la tierra bajo sus pies era un lugar seguro; el tiempo se rompió con una sacudida de 7,4 grados. Apenas tres días antes, en ese mismo país se había posesionado un nuevo presidente tras la contienda más reñida y envenenada que se recuerde; 49,66 % contra 48,70 %, un margen de menos de un punto que bastó para partir a Colombia casi por la mitad exacta del corazón, para llenar de silencios los grupos familiares y de insultos las sobremesas que antes eran solo sobremesas. La polarización todavía estaba tibia, se podía sentir en el aire, como se siente la humedad antes de que llueva, cuando la tierra, con una lógica distinta a la nuestra, decidió ponernos a prueba.
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Quiero decirlo con toda la claridad que me permite el asombro: el amor y el odio no son una contradicción, son la naturaleza misma del país. Como en el realismo........
