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Marco

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Trump no dice Rubio. Dice Marco. Como si eso bastara. Como si no hubiera que explicar nada más. No es informalidad. Es confianza. Es jerarquía tácita y, en un mundo donde la política exterior estadounidense ha oscilado demasiadas veces entre la estridencia, la improvisación y el repliegue, que sea Marco, y no otro, quien le hable al oído al presidente de ese país importa mucho. Y es que a Marco, los estadounidenses lo han sabido respetar y, la verdad, es que los latinos le debemos mucho. Fue en 2010 cuando un joven senador republicano resultó encargado de responder al discurso del estado de la Unión de Barack Obama. Rubio habló en inglés, como le correspondía, pero cuando todo parecía terminado se permitió una licencia inesperada: cerró en español. No fue una excentricidad. Fue una declaración de identidad y de ambición. Decir: estoy aquí, sé de dónde vengo y sé hacia dónde quiero ir.Esa escena explica mucho de lo que es hoy. Rubio no observa a América Latina como un........

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