¿Por qué a nuestros papás les cuesta la tecnología?
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Mi madre siempre ha sido una mujer recursiva y sin miedo a nada. Cuando yo era pequeño y me llevaba a conocer ciudades varias, sacaba su mapa y recorríamos cuanto museo hubiera, como un relojito suizo. No importaba si estábamos en Italia, Francia, Hungría o Estados Unidos: la señora se manejaba con su español, un inglés atropellado, un mapa doblado mil veces y un esfero. Junto con mi hermana Carolina nunca nos preocupamos demasiado. Ella resolvía. Siempre. Han pasado los años y mi madre sigue con su mapa. Literal y simbólicamente. En estas vacaciones decembrinas recorrimos España e Italia y, después de más de treinta años, tuvimos nuestro primer encontronazo serio. ¿La razón? La maldita tecnología. Mi madre no la acepta. Yo la acogí con los brazos abiertos y sin demasiadas preguntas. “Waze, muéstrame cómo ir a Granada”, escribí sin dudar. “Uy, ¿te mandó por el Polígono? Les he contado a todos y están asombrados. Por ahí nunca se va”, me respondió mi mamá con una mezcla de sorna y superioridad moral. Y así fue todo el........
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