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El nadaísta nómada

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27.04.2026

Tiene más hoja de vida que una mujer fatal. De los 82 años que lo habitan, Armando Romero ha vivido 57 fuera del país. De muchacho recorrió toda Colombia viviendo y predicando el evangelio del nadaísmo. Luego se engulló toda Suramérica. Reventó infantería en Europa y Asia. Para sobrevivir, durante 40 años fue profesor universitario en USA.

El “nadaísta académico” es profesor emérito de la Universidad de Cincinnati y doctor en la de Pittsburgh. Es más fácil encontrar sus ficciones en El Corte Inglés, de Madrid, en Grecia, Italia o Portugal que en Cali, Bogotá o Medellín.

En Venezuela vivió 10 años y publicó sus primeras novelas y poemarios. Cupido le tenía reservada a Konstantina Lardas, una griega que “cuando abre los ojos en la mañana aparece el mar Egeo. Ella para mí encarna el viaje y la escritura”. Los enamorados aprovecharon algunos ocios para amasar dos hijos que los pusieron a ennietecer.

“El nadaísmo fue mi escuela de muchacho pobre y fue magnífica. Mis profesores fueron Jaime Jaramillo Escobar, Jotamario, Alfredo Sánchez, y los vagabundos del dharma provinciano”, cuenta Romero con un pie en el estribo del avión que lo traerá de regreso al sabor de las empanadas, los tamales y las arepas. En poesía se tuteó con su maestro Álvaro Mutis, Fernando Charry Lara, Fernando Arbeláez y Rogelio Echavarría. Les dedicó libro.

En abril, el mes más cruel, al decir de T. S. Eliot, lejos de ICE, la inamena policía antimigrantes, estará en la Feria del Libro de Bogotá (1.º de mayo) y en Villa de Leyva (7 de mayo) para presentar su novela ‘El vientre de todas las guerras’, editada por Sílaba. Patricia Ariza y Carlos Satizábal lo exprimirán en el teatro de La Candelaria (4 de mayo). (De ICE comentó el fabulador: “Siempre pensé que la Gestapo no iba a tocar la puerta de mi casa; ahora no estoy tan seguro”.

En poesía se tuteó con su maestro Álvaro Mutis, Fernando Charry Lara, Fernando Arbeláez y Rogelio Echavarría. Les dedicó libro

El poeta Jotamario, su anfitrión-‘sparring’ en Villa de Leyva, lo considera “el amigo de la vida que va para larga; de los barrios caleños de infancia y adolescencia, del Santa Librada College, de las cantinas de billares, del movimiento nadaísta que va por el año 68 sin permitirnos soltar la pluma. Muy joven colaboraba con textos deslumbrantes en nuestro periódico ‘Esquirla’ ”. Jota lamenta que a pesar de sus blasones internacionales “no se le haya hecho mucho caso” en Locombia.

Si algún día jubila la pluma, Romero Delgado tratará de seguir el consejo que le dio un borrachito en Cali: “Hay que conseguir el silencio”.

ÓSCAR DOMÍNGUEZ GIRALDO

(Lea todas las columnas de Óscar Domínguez en EL TIEMPO aquí)


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