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El punto de inflexión no es Ceuta, sino Maricarmen

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28.09.2026

Opinión El punto de inflexión no es Ceuta, sino Maricarmen

Tal vez la violencia sea, como escribía Karl Marx en El Capital, la comadrona de una sociedad vieja preñada de otra nueva. El desahucio de Maricarmen es, ante todo, un acto de cruenta violencia que deja en evidencia las costuras más tenebrosas de un sistema que no entiende de derechos básicos, mucho menos de humanidad. Este episodio de dolor resulta transversal a las ideologías, si bien parece que muchos todavía no consiguen atar los suficientes cabos y siguen empeñados en creer que el problema no es profundamente político y no hunde sus raíces en los mecanismos intrínsecos del sistema capitalista. Nada más lejos de la realidad.

Como todos hemos presenciado, Maricarmen de 87 años y con un 50% de discapacidad, fue finalmente desahuciada de la casa en la que había vivido los últimos 70 años de su vida. Un fondo de inversión llamado Urbagestión se hizo con el edificio en el que vivía y le multiplicó, de la noche a la mañana, de 500 a 2.650 euros el alquiler que pagaba para obligarla a abandonar su hogar. Esta es una estrategia de extorsión habitual entre los fondos de inversión que buscan inquilinos vulnerables para arrebatarles su vivienda, una práctica impune que se sigue realizando sin que el Gobierno haya hecho nada para impedirlo durante todos estos años.

Mucho me temo que es el profundo problema de la vivienda y no la inmigración o lo sucedido en Ceuta lo que va a acabar con la posibilidad de revalidar este gobierno. A pesar de todo lo sucedido en torno a la crisis habitacional, el decreto para garantizar el acceso a una vivienda digna, tan prometido por el Ejecutivo, sigue sin tener un horizonte claro. Lo que sí se ha visto ha sido una retahíla de insultantes medidas que favorecían al rentismo, como descuentos fiscales e incentivos, añadiendo así más indignación a una población hastiada y ampliamente decepcionada.

El sadismo que hemos presenciado en torno al desahucio de Maricarmen pone en entredicho aquello de que esta iba a ser “la legislatura de la vivienda”, además de dejar a esta democracia incapaz de garantizar derechos básicos y a la clase política progresista en una situación realmente incómoda. El caso de Maricarmen debería marcar un punto de inflexión en esta legislatura, especialmente para el espacio de confluencias de Sumar. Es necesario abrir un punto y aparte y plantear, de manera firme, una posición férrea ante el problema de la vivienda. Una cuestión que puede resultar crucial no solo para definir el rumbo........

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