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Las Tres Llamas de Jerez de los Caballeros

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07.04.2026

Opinión Las Tres Llamas de Jerez de los Caballeros

En la penumbra espesa de la posguerra española, donde la memoria parecía condenada a extinguirse entre silencios, existieron mujeres y hombres cuya vida conllevó una intensidad y sacrificio que ni la represión, ni las cárceles, ni los fusilamientos pudieron borrar. Entre una de esas muchas familias se alza con fuerza la de los Bruguera Pérez, una familia de militantes libertarios cuyo destino quedó marcado por tres caminos paralelos.

Este artículo aborda, desde una perspectiva histórica y narrativa, la trayectoria libertaria de la familia Bruguera Pérez y la violencia múltiple que ejerció sobre ellos la dictadura franquista entre 1936 y 1961. A través de una aproximación “micro histórica” y usando como marco la represión política, económica y de género en Extremadura, exploramos las vidas de Antonio Bruguera Mendo, su hija María Bruguera Pérez y su hijo Antonio Bruguera Pérez.

Son vidas marcadas por el compromiso, el sacrificio y la supervivencia, tres llamas que ardieron con intensidad, compartiendo un mismo compromiso ideológico y el mismo destino de la represión franquista. La combinación de historia social, memoria familiar y análisis histórico permite comprender la profundidad del trauma causado por la dictadura y la necesidad contemporánea de recuperar estos relatos para la memoria democrática.

Hay historias que se transmiten como rescoldos, como brasas casi apagadas que resisten bajo la ceniza del silencio impuesto. En la España de posguerra, donde recordar podía ser peligroso y olvidar parecía obligatorio, algunas historias sobrevivieron en la sombra.

El padre, Antonio Bruguera Mendo, trabajador del sector de los tapones de corcho, sindicalista y libertario, fue presidente de la Casa del Pueblo de Jerez de los Caballeros y figura central del anarcosindicalismo local, luego fusilado por los franquistas. Su hija, María, joven oradora libertaria, pionera del anarco feminismo, fue condenada a cadena perpetua y superviviente de las cárceles que marcaron a varias generaciones. El hijo, Antonio, preso durante décadas en las cárceles franquistas, resistente en la clandestinidad y militante en el exilio.

Tres trayectorias que, puestas en diálogo, permiten comprender en profundidad la violencia estructural del régimen franquista y la respuesta ética y el compromiso militante de quienes se negaron a abandonar sus ideales. Esta es su historia.

1. Jerez de los Caballeros: geografía social de lucha obrera

Jerez de los Caballeros está situado en el sur de la provincia de Badajoz, limítrofe con la provincia de Huelva y en la frontera con Portugal. En 1936 Jerez de los Caballeros contaba con una población de unos 13.800 habitantes, era un microcosmos de la Extremadura rural: jornaleros sin tierra, desigualdad agraria y un proletariado del corcho cada vez más politizado. Aquí arraigaron con fuerza desde finales del S. XIX las sociedades obreras de carácter anarquista y socialista, gracias, en gran parte, a la labor organizativa de trabajadores, entre otros, como Antonio Bruguera Mendo, que había conocido el anarcosindicalismo cuando aprendía el oficio de taponero del corcho en Sevilla y lo llevó de regreso a su pueblo como herramienta de organización y lucha obrera.

El movimiento libertario no fue solo sindical y de lucha por mejoras económicas y sociales: fue también cultural. En 1932, los hijos -María y Antonio- fundaron, junto a otros jóvenes, las Juventudes Libertarias de Jerez de los Caballeros, germen de iniciativas como el grupo cultural “Ni Dios ni Amo”, dedicado a promover lecturas, obras teatrales y debates en localidades cercanas. La politización juvenil y femenina, atípica para pueblos rurales de aquella Extremadura, convirtió a los Bruguera en figuras visibles… y, por ello, especialmente vulnerables tras el golpe de Estado franquista de 1936.

2. Antonio Bruguera Mendo: el padre que no se rendía

El padre de Antonio, Tomás Bruguera Sala era de Palafrugell (Girona) desde donde se trasladó a Jerez de los Caballeros para trabajar en la industria del corcho, muy potente en aquellos años en Extremadura. En esta localidad extremeña nació Antonio Bruguera Mendo en 1879. Dicen que Antonio tenía las manos curtidas por el corcho y una mirada que combinaba cansancio y claridad. Era un hombre hecho a sí mismo, formado en centros obreros donde la lectura no era lujo, sino herramienta de supervivencia. Era parte de aquella generación que creció bajo el peso de la desigualdad y la miseria impuesta por una sociedad caciquil extremeña, donde unos pocos controlaban casi todo y la inmensa mayoría sobrevivía como podía. Las conversaciones en las tabernas, los mercados y los portales repetían casi siempre lo mismo: “Algo tendrá que cambiar” … Y Antonio, como tantos, escuchaba, asentía y cada vez hablaba un poco más.

En Jerez, tenía fuerte presencia el PSOE, que agrupaba a la mayoría de los campesinos, mientras que el anarquismo se vertebraba en torno a la industria del corcho y sus diferentes ramos. Antonio pertenecía a la sociedad obrera de taponeros del corcho “El Despertar”, donde había gente muy competente, con amor a la cultura y que ya a principios de siglo XX fundaron un periódico que se tituló “El Clamor Jerezano”. Entre sus figuras destacadas se encontraba también Baldomero Tanco Pérez, quien fue presidente de esta sociedad y fundador del partido socialista local en 1903. Avanzados ya los años treinta, los sindicatos del corcho se integran mayoritariamente en CNT.

De carácter autodidacta, Antonio tenía buena predisposición para la oratoria y había intervenido en actos públicos y, como tantos otros militantes en aquel entonces, fue varias veces detenido y conducido por carretera, en medio de las parejas de la guardia civil, camino de la cárcel por promover huelgas y luchas sociales. Por este motivo, su esposa, Elisa Pérez, había montado una pequeña tienda de comestibles que atendía con sus hijos y que servía para el sustento de la familia cuando Antonio estaba preso o no encontraba trabajo como consecuencia de las presiones patronales.

Los años de la II República fueron años de esperanza para las organizaciones obreras. La reforma agraria había despertado el anhelo acabar con la miseria, pero la lentitud para su aplicación y el boicot de las oligarquías caldeaba cada vez más los ánimos e impulsaba a la ocupación por parte de un campesinado cada vez mejor organizado. Todo se fue al traste con el inicio del golpe de Estado de julio de 1936. Como en tantas localidades, se creó en Jerez de los Caballeros un Comité de Defensa que aglutinaba a todas las entidades republicanas y obreras para hacer frente a la sublevación. Antonio y su hijo participaron en el Comité de Defensa de Jerez, cuya actuación siguió la pauta general de los pueblos que resistieron un tiempo la sublevación: detuvieron a los miembros derechistas (en un número elevado, 137), para evitar su participación en la trama golpista, sin que llegaran a matar a ningún jerezano.

Hasta la fecha en que el Comité republicano había controlado la localidad no se produjo el fusilamiento de ningún vecino, aunque sí hubo muertos derechistas en otros pueblos cercanos y sin que pueda documentarse cómo ni quién participó. Algunas fuentes orales señalaban un cierto acuerdo de evitar muertes de uno u otro lado si la situación cambiaba. No fue así, tras la ocupación de Jerez por los sublevados, que se llevó a cabo el 21 de septiembre de 1936, es bien conocida que, “se cogieron 60 muertos” por las calles de Jerez (F. Espinosa, La columna de la muerte). A partir de esa fecha, en los meses y años posteriores la dictadura acabó con la vida de más de 150 personas en esta localidad.

La caída de Jerez provocó el intento de huida hacia la zona republicana de aquellos que fueron conocidos como la “Columna de los 8.000” en septiembre de 1936, los refugiados de Huelva y del sur de Extremadura, que se iban retirando a medida que los golpistas avanzaban desde Sevilla para ocupar la provincia de Badajoz. Estas bolsas de refugiados habían quedado aisladas en el suroeste tras el control de la carretera N-630 que unía Sevilla con Mérida. Estas familias buscaban llegar a territorio controlado por la República, especialmente hacia Azuaga, intentando cruzar líneas enemigas por caminos secundarios hacia la zona de Llerena, ya bajo control rebelde. La marcha arrancó desde........

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