Mi estudio en Cali (Segunda parte)
Mi imprevista mudanza al hogar de doña Laura y don Alonso, además de oportuna, también fue placentera por su ubicación en el barrio San Antonio, sector mágico en una meseta del occidente de Cali ataviada con atributos maravillosos, tales como un agradable microclima, arquitectura antigua con una emblemática capilla de modelo barroco y un amplio mirador de paisajes hermosos, cercano a la calle quinta (entonces la más amplia y transitada de dicha ciudad), cuya gente seduce con su benevolencia y su sui géneris manera de hablar: por ejemplo, “Mira, ve”. “Al que quiera más, que le piquen caña”, expresión popular muy usada en la ciudad de Cali.
A mi hermana Herlinda le comuniqué los pormenores de mi estancia en Cali y que, por ende, requería dinero lo más pronto posible. Días después, mi hermana me giró trescientos pesos; de este dinero, doscientos pesos me los regaló mi amigo Bernely López Mieles, quien se enteró de mi mala situación a través de Rigoberto Freite, entonces novio de mi benefactora hermana. A doña........
