Acabemos con la farsa nuclear
Albert Sáez
Director de EL PERIÓDICO
Director de EL PERIÓDICO
Soy periodista. Ahora en EL PERIÓDICO haciendo de director. También en Prensa Ibérica como Director General de Contenidos. Escribo de política, economía y comunicación.
Central nuclear de Ascó / Efe
Todo el mundo, dentro y fuera del sector eléctrico, sabe que las centrales nucleares españolas no se pueden cerrar en la fecha prevista porque las fuentes alternativas de generación no son ahora ni suficientes ni fiables. El apagón del pasado mes de abril lo puso en evidencia. Pero llevamos semanas con una pugna entre el Gobierno y los propietarios de estas infraestructuras sobre quién da el primer paso para pedirle al otro una prórroga del calendario de cierre. El asunto no es menor porque lo que se dirime, como explicó meses atrás David Page, es quién asume los costes de esa prórroga: los consumidores pagando la energía más cara, el Gobierno reduciendo la carga fiscal o las compañías ajustando su margen. El que acabe pidiendo la prórroga, se la juega. En este contexto, a los operadores eléctricos les ha parecido desde el primer momento muy zafia la maniobra de la vicepresidenta Sara Aagesen de incrementar el uso de las centrales de ciclo combinado tras el apagón para restar protagonismo a la producción nuclear después de que se demostrara que la red eléctrica en las actuales condiciones no puede soportar las oscilaciones de las energías renovables.
Nuevamente, David Page explicó este martes que Endesa promovía una maniobra para convencer a Iberdrola y Naturgy, las principales propietarias de las centrales españolas, para fijar una posición común respecto a las condiciones de una prórroga nuclear. El calendario aprieta y no se puede esperar mucho más. Este movimiento ha forzado a que se filtre, a través del diario EL PAÍS, que la ministra remitió en el mes de junio una carta a las propietarias estableciendo sus condiciones para la prórroga: que no impacte en el recibo, algo que ya había explicado el propio Page en el mes de mayo y que reconoció la ministra en una entrevista en los medios de Prensa Ibérica. Pero el detalle de la carta y de la fecha no es menor porque revela que en privado reconocía lo que negaba en público y es la necesidad de prorrogar la vida de las centrales. Sería todo un detalle que en las negociaciones de las próximas semanas lo asumiera en público y se dejara de tanta ideología en este asunto para asegurar lo que le corresponde como ministra de todos: garantizar la seguridad del suministro eléctrico. Porque el apagón dejó de ser una hipótesis.
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