Orgullo muisca y caribe o malicia indígena: a decidir…
A dos días de elegir sobre el futuro de nuestra manoseada nación, que durante años ha soportado con estoicismo los embates y rigores injustos de la insania de la desacreditada clase política colombiana, bueno es hacernos un llamado a la razón y a rescatar ese menos común de los sentidos al momento de votar.
Mucho se ha dicho, escrito, visto, oído y leído acerca de los dos punteros que aspiran a habitar la Casa de Nariño, que actualmente ha sido testigo de la depravación estatal, en la que hoy estamos sumidos gracias a la amoralidad administrativa de la cosa pública actual. No obstante, bueno es refrescar memoria, como decimos los litigantes en el hermoso desarrollo profesional del derecho como juristas. Por esto, he rotulado mi editorial así.
En este momento en que Colombia atraviesa por sus tiempos más tenebrosos, como lo he sostenido, el sufragio, más que ser un derecho, se erige como una obligación moral y patriótica. Así como cuando nos sentimos orgullosos de lucir la camiseta de la selección en estas épocas de futbol orbital, de la misma manera debemos lucir los certificados electorales al haber acudido a las urnas para decidir y sentirnos orgullosos de nuestra sangre trabajadora, pujante y resiliente, escogiendo un candidato probo y que navega en las aguas de la axiología y los fines públicos, protegiendo a la familia como núcleo fundamental de la sociedad, la empresa privada como generadora de empleo y riqueza y propendiendo por el bien común, como derrotero jurídico de un Estado de derecho. Estos pilares hemos visto cómo ni siquiera hoy ocupan un tercer o cuarto lugar en........
