La trilogía del orden y la seguridad
Es acertado sostener que debilitar la policía socava el Estado, porque ella es la representación del gobierno, la ciudadanía y el orden. A menudo, el ciudadano del común y, lo que es mas grave, algunos gobernantes, comenten el error de reducir el concepto de “policía” únicamente a los uniformados que patrullan las calles; sin embargo, una mirada jurídica y filosófica nos revela que la policía es, en realidad, un sistema complejo de pesos y contrapesos esenciales para la existencia en paz y orden de la civilización.
Para comprender la seguridad ciudadana, debemos desglosar su estructura. En la base encontramos el Derecho de Policía: por excelencia un conjunto de principios y reglas que sostiene las relaciones humanas en busca de armonía. De este derecho emana el Poder de Policía, que es la facultad legislativa de dictar normas, sobre el tema soportando la función de Policía, por ser esa, una potestad administrativa para hacer cumplir aquellos principios y normas. Finalmente surge el Servicio de Policía ejecutado por la institución civil armada -Policía Nacional- encargada de cristalizar estos conceptos en la realidad cotidiana.
El cuerpo de policía no es un ente aislado, es una institución del Estado orientada por el gobierno, pero administrada por sus propios mandos, responsable de ser el puente entre la ley y el ciudadano; por ello, la institución representa al gobierno - como brazo ejecutor de la legalidad- y la ciudadanía -como garante de su vida honra y bienes. Esta dualidad exige que las autoridades dirijan, estimulen y observen con rigor los protocolos, la doctrina y tradiciones que fija la misionalidad policial.
El peligro de la seguridad surge cuando un gobernante, por miopía política o desconocimiento técnico, minimiza, reduce o desestima el servicio de Policía. Al hacerlo, provoca un efecto dominó devastador, pues sin un servicio robusto, la función del gobernante se vuelve inoperante y el poder del legislador pierde su fuerza coercitiva, resultando el caos que invade las regiones. Cuando el respaldo administrativo y operacional faltan, no se está infligiendo a una institución se está dejando desamparado al pueblo. El éxito policial no es un logro aislado del uniformado; es el resultado de un respaldo ciudadano genuino y un apoyo estatal decidido.
Un mandatario que no respalda a la institución no solo falta a su deber de servicio, sino que desconoce el andamiaje jurídico que le permite gobernar. La seguridad y el bienestar patrio dependen de entender que la policía -concebida como un sistema- es el reflejo de la anhelada salud democrática de una nación, pues sin apoyo al servicio, el derecho se convierte en letra muerta y la libertad en un recuerdo. Por eso potenciar la policía es, en última instancia, blindar el futuro sostenible de todos los colombianos.
