Propio poder
Todos llegamos a este mundo siendo poderosos. Antes de aprender a pedir permiso, antes de recibir etiquetas, expectativas y límites, ocupamos nuestro lugar. Respiramos, sentimos, lloramos, miramos. La vida nos habita con un poder inmenso, heredado de quienes llegaron antes y sostenido, día tras día, por la gracia divina.
Nadie nos enseña necesariamente a conservar ese poder. Por el contrario, poco a poco podemos ir cediéndolo: en la familia, cuando aprendemos a callar para agradar; en la escuela, cuando confundimos obediencia con sometimiento; en el trabajo, cuando entregamos nuestra voz para conservar un puesto; en la economía, cuando creemos que nuestro valor depende de lo que poseemos; en la política, cuando cedemos........
