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Mi pie sobre el gigante

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Aquella noche del 27 de diciembre de 2025, en Bogotá, cuando el pastor Rodríguez evocó desde la plataforma de la iglesia Avivamiento el mensaje “Mi pie sobre el gigante”, no hablaba de mitología ni de metáforas dulces. Hablaba de una ley antigua y despiadadamente vigente: los gigantes no caen por falta de fuerza, sino por exceso de soberbia. La Biblia no edulcora el poder; lo desnuda. Goliat no perdió por débil, sino por bocón. Y Hamán no cayó por ingenuo, sino por creerse dueño del destino ajeno.

La escena de Ester y Mardoqueo, recordada con fuerza aquella noche, es quizá la más incómoda para los amantes del moralismo superficial. Hamán, convencido de su impunidad, mandó construir una horca para Mardoqueo, el judío que se negaba a inclinarse ante él. El giro bíblico es tan elegante como cruel: Hamán terminó colgado en la misma horca, junto con sus hijos. No hubo negociación ni pedagogía blanda. Hubo justicia poética y tiempo exacto. Ester no gritó, no marchó, no improvisó. Esperó. Mardoqueo no conspiró: resistió. La fe bíblica, cuando es auténtica, no es histérica; es........

© El Nuevo Siglo Bogotá