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La corrupción galopante

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17.02.2026

Cuando un periodista o un particular se asoma a una reunión social, de amigos o casual, por lo general alguien le pregunta sobre las últimas noticias en materia de corrupción en Colombia. Y cada quien va dando la información o versión al respecto. Por supuesto, las opiniones no son todas sacadas de los medios escritos o de la televisión, muchas se difunden por las famosas redes sociales y suelen ser contradictorias y confusas. Algunos tienen el móvil en la mano y le dicen a uno, incluso sin conocerlo, quiero compartir esta noticia contigo y piden el correo para compartirla. Y así se van acumulando distintas versiones sobre episodios escandalosos del gobierno colombiano, la familia presidencial, los ministros y ahora, en plena campaña electoral, sobre los candidatos a la presidencia.

Un escándalo acalla otro anterior y ya casi no se menciona el caso del presidente del Senado, ni del de la Cámara, quienes, al parecer, siguen en prisión. En ambos casos, ellos se convirtieron en cómplices del gobierno, que desde un primer momento entró a manipular a los representantes del pueblo. Por lo mismo, la función que tiene la Comisión de Acusaciones de la Cámara de acusar al presidente, tampoco ha cumplido su cometido.

Cuando se analiza que pasó con el Congreso de la República que no cumplió el deber y el papel que se le atribuye en el orden constitucional colombiano, la respuesta es sencilla, como explicaba el estadista Álvaro Gómez Hurtado: es el Régimen.  Pocas veces en nuestra historia un político ha tenido tanta claridad para señalar cuál era y es el enemigo de Colombia: el Régimen. Él se refería a que políticos de casi todas las tendencias pertenecían al Régimen, unos conscientemente y otros sin saberlo. Por lo mismo, invitaba a derrocar el Régimen, que consideraba el principal enemigo de la democracia colombiana. Y como casi nadie volvió a señalar al Régimen, el mismo se fortaleció en grado superlativo hasta hoy, penetrando en todas las esferas oficiales, partidos, gremios e instituciones. Lo más aberrante de ese escándalo es que el actual gobierno lo institucionalizó con “el cuento de la paz total”, la convivencia con los elementos más sangrientos de la subversión en Colombia.

Uno de los casos más escandalosos que hemos tenido en la historia colombiana, desde los días iniciales de la República, ha sido el de Ecopetrol, donde nombraron al jefe de campaña electoral de Gustavo Petro, un personaje de su plena confianza. El presidente durante su campaña y desde un principio se mostró en contra de la primera empresa oficial de Colombia y enemigo de explotar el petróleo. Al gobernante le parecía que era preferible defender la ecología y abandonar el petróleo. Por supuesto, estaba al tanto de que los multimillonarios ingresos que genera esa empresa son vitales para la economía nacional. Sabía, también, que gracias al petróleo y sus utilidades los ingresos de Colombia aumentaban y se generaban fondos para crecer y apoyar obras vitales para el desarrollo colombiano y la política social. Lo mismo que de allí salían partidas para mejorar las armas de las Fuerzas Militares de Colombia. El saqueo y los escándalos en Ecopetrol han sido numerosos, incluido los problemas con la pareja del gerente, que está envuelto en líos por la compra de un apartamento a un exoficial de la policía.

En tanto se mencionan escándalos más graves próximos a explotar. Así vemos cómo la izquierda cuando llega al poder destruye la riqueza pública y atenta contra los intereses de la sociedad. Sostienen algunos que se trata de empobrecer al pueblo y la sociedad, para darles de comer en la mano.

Los países más avanzados y más ricos siguen explotando el jugoso negocio del crudo, clave para generar riqueza y bienestar. Atentar contra Ecopetrol lleva a que el Estado colombiano tenga menos recursos para hacer desarrollo, ayudar a los pobres y para financiar a sus tropas. La fórmula a la que llega en su momento el presidente Alfonso López Michelsen y el ministro Jaime García Parra, de compartir el petróleo mediante contratos de asociación con las multinacionales del crudo, permitió que Colombia pusiera el preciado oro negro y las multinacionales colaboraran en su explotación, transporte y comercialización.

Es de esperar que los actuales candidatos a la presidencia de Colombia de centro y de derecha se comprometan a fortalecer a Ecopetrol y fomentar de nuevo esa gran empresa vital para el desarrollo nacional.  


© El Nuevo Siglo Bogotá