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No hagamos de la precariedad una costumbre

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24.06.2026

Si de verdad queremos hablar de calidad educativa, debemos partir por el principio: garantizar que aprender, enseñar y cuidar ocurra en espacios seguros, saludables y dignos.

Lo ocurrido en el jardín infantil y sala cuna Manzanilla de Ñuñoa, donde la presencia reiterada de ratones obligó a suspender actividades por semanas y afectó a cerca de un centenar de lactantes y párvulos, produce indignación comprensible. Ningún niño o niña debiera asistir a un espacio educativo con riesgos sanitarios. 

Pero el problema no termina en Ñuñoa. 

Para quienes trabajamos diariamente en establecimientos de alta vulnerabilidad, este tipo de situaciones no es excepcional.

La presencia de roedores en una cocina escolar es grave y exige respuestas inmediatas. Pero también revela algo más profundo: hemos aprendido a convivir con la precariedad que, poco a poco, se vuelve parte del paisaje cotidiano de la educación.

Trabajo hace más de quince años en un establecimiento con altos índices de vulnerabilidad.........

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