El apuro final
El año que comienza es decisivo para el futuro de Chile. A fines de año se sabrá quién dirigirá, a partir de marzo de 2026, los destinos del país. El gobierno, hasta hoy, deja un país estancado y sin legados importantes para mostrar.
En su mensaje de Año Nuevo el Presidente Boric señaló: “Nuestra apuesta es avanzar hacia una sociedad en la que todos, unidos el Estado, el sector privado, las organizaciones de la sociedad civil, los niños, las personas mayores, propiciemos la colaboración entre las personas, la cohesión social y la ayuda mutua”. Que así sea de hoy en más y cuando sean oposición, si es que lo son a partir del próximo gobierno.
Difícil es para los ciudadanos, cuando el político en su discursiva los duerme ideológicamente al estilo de los “zombies” creados por los norteamericanos, en un sueño de sopor con promesas, palabras bonitas lejanas a lo posible, para que luego se despierten en una realidad que dista de la tierra prometida.
El “zombismo” político crece a partir de la desconfianza y de la polarización. No confían cuando los políticos no cumplen lo que prometen, no sienten lo que dicen porque realmente no se lo creen. ¿Refundación o reformas? Es la gran incógnita de la actual coalición de gobierno cuya inacción está marcada por profundas diferencias ideológicas entre sus integrantes. ¿Qué piensa cada uno? ¿Qué los mantiene unidos? ¿El poder? Este tipo actitud en política daña la credibilidad del propio sistema democrático.
El presupuesto nacional se debe cumplir. La subejecución presupuestaria es dañina porque los fondos no utilizados se podrían haber asignado a otros temas más urgentes de los chilenos. Varios ministerios habrían llegado sólo al 70% de su ejecución. Los dineros fiscales corresponden a los impuestos pagados por los ciudadanos. Deben cuidarse.
Proyectos y anuncios salen a borbotones : el FES, Pensiones, Ministerio de Seguridad -con menor responsabilidad que la actual sub Secretaría de Seguridad Interior- sin claridad en las funciones que quedan para Interior. ¿Se conoce el costo total de estos proyectos? ¿Tienen financiación? A modo de ser repetitivo, quienes hoy gobiernan propusieron una Constitución que era imposible de financiar. Lo detectó un grupo de brillantes economistas que calcularon hubieran sido más de treinta mil millones de dólares por año. ¡Ups!
El proyecto de financiación a la educación, FES, que suprime el CAE es “una propuesta extremadamente compleja, con muchas aristas que trata de tocar múltiples aspectos del financiamiento estudiantil, que al final de cuenta, de llevarse adelante tal como está el proyecto, terminarían traspasando prácticamente todo el costo de la educación superior al Estado” dice José Joaquín Brunner. Por otra parte el análisis que hacen Cristián Larroulet y Carlos Williamson señala que esta reforma es un retroceso en la competencia y en la calidad del sistema. Es un intento de controlar las universidades fijando precios limitando la autonomía ya que los fondos van a pasar por el Estado, creando un nuevo impuesto al capital humano.
No solo esto: no hubo políticas claras para salir del estancamiento y lograr mayor recaudación a través del crecimiento económico. No se hizo el diagnóstico adecuado, no se planificó como era necesario hacerlo. No hubo un orden para llevar a cabo el trabajo a realizar en cada problemática ciudadana. Faltó en estos últimos tres años la planificación correspondiente entre el que hacer, el cómo hacerlo, el cuándo hacerlo, el costo que implicaba y si era posible en la situación fiscal de Chile.
Esto lleva a reflexionar sobre el año que comienza. Hay mucho por hacer. No hay tiempo que perder. Como bien dice Pepe Auth, las elecciones están a la vuelta de la esquina.
La oposición se compone de tres bloques. Primero, la derecha más conservadora que anuncia tres posibles candidatos: José Antonio Kast, Rojo Edwards y Johannes Kaiser; segundo, Chile Vamos coalición oficialista durante el segundo gobierno de Sebastián Piñera cuyo legado es indiscutible, fue la triunfadora de las elecciones municipales. Cuentan con una clara líder que es Evelyn Matthei. El centro democrático militante es aún pequeño, cuenta con gente de mucho talento y experiencia, sin embargo la ciudadanía de centro que no quiere extremos, es enorme. La unidad debe llevarse a cabo, para construir una coalición que al menos gobierne tres periodos que es lo que necesita Chile para salir adelante. La mirada corta y egoísta daña al ciudadano que hoy lo pasa mal.
El gobierno transita con dificultad su último año sin dejar un legado más que su propio fracaso. Lo mal hecho y lo que no se hizo suma. Este aprendizaje ojalá sea capitalizado en este último año que les queda, a partir de los errores cometidos por falta de experiencia y madurez política.
El apuro final del gobierno es notorio. Ojalá que en los próximos gobiernos de Chile, el apuro por resolver y la planificación sean la característica desde el comienzo.
