Maletas listas, pero ojo con el Mazo
Durante años nos dijeron que no había nada que hacer, que los venezolanos era gente floja o que el mando era eterno; que la impunidad era el precio de la estabilidad. Hoy esa mentira se resquebraja. Maduro preso no borra el dolor, no devuelve a los muertos ni recompone los hogares rotos, pero rompe una maldición latinoamericana: la de los tiranos que ganan canas en tranquilidad mientras los ciudadanos las peinan esperando.
Pero no nos llamemos a engaño. En política, como en el béisbol, el juego no se acaba hasta que se saca el último out. Y ahora mismo, el peligro no es que la silla del tirano esté vacía, sino quién acecha en la sombra como dueño del bate, esperando su turno para repartir a golpes lo que no pudo ganar con votos.
Seamos claros y sin anestesia. Maduro era la cara, el vocero torpe, el símbolo internacional del desastre. Pero el sistema tiene otro........
