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El poder de ponerle otro nombre

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03.11.2026

Quitarle una letra a una palabra es fácil. Cambiar lo que hay detrás de ella, no tanto. Una actividad ilegal no se vuelve legal porque alguien resuelva llamarla distinto, y una injusticia no desaparece porque encontremos una expresión menos incómoda. Y, aun así, basta oír ciertos discursos para notar que las palabras no siempre se usan para explicar lo que pasa. Muchas veces sirven para justificarlo, para disimularlo o para que lo miremos con otros ojos.

La historia está llena de ejemplos. Las invasiones se vendieron como misiones de liberación, las persecuciones como medidas de seguridad, el recorte de derechos como un sacrificio necesario por un bien mayor. El nombre cambia; lo que ocurre, casi siempre, sigue igual. Quien cuenta los hechos decide qué se ve y qué queda en la sombra, y esa decisión nunca es inocente: puede hacer que una sociedad reconozca una injusticia que antes no veía, o que la........

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