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Guerra soterrada y contínua

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09.04.2026

“…Recordar los hechos es la única forma de comprender cabalmente el presente”.

Cuando el telón de la guerra se abre, como en toda obra de suspenso, nunca podremos imaginar lo que nos espera y menos aún cuando caerá la cortina que anuncie su final. En esta época, en la cual el mundo está más interconectado que nunca, resuena la frase acuñada en 1961 por el meteorólogo del MIT, Edward Lorenz, vinculada a la teoría del caos: “¿El aleteo de una mariposa en Brasil puede provocar un tornado en Texas?”, o sea, simplificando su teoría, pequeñas variaciones iniciales en un sistema complejo pueden provocar grandes diferencias en los resultados finales. Solo hay que ver las terribles consecuencias, para todo el mundo, ocasionadas por el cierre del estrecho de Ormuz, como acción de guerra. Por consideraciones como la anterior, los protagonistas de los conflictos bélicos, a través de la Historia, abrumados al ver sus dolorosos resultados, tomaron conciencia de ello y pretendieron reglamentarlas, establecer límites a las muertes, a la destrucción, al sufrimiento extremo, todo ello se aplicaría a las futuras conflagraciones para tratar de hacerlas más humanas, pero lo paradójico es que nunca se pretendió prohibirlas, solo mitigar sus efectos. Justificada o no, el ejercicio de la violencia conduce a que, todos los valores humanos sucumban y por tanto la vida pierda su valor. Un ejemplo del esfuerzo para “humanizar” la guerra fue el “Tratado de Regularización de la Guerra”, firmado entre Colombia y España, en Trujillo el 26 de noviembre de 1820, siendo presidente de la República de Colombia, Simón Bolívar, y cuyo primer artículo rezaba así: “Art. 1º La guerra entre España y Colombia se hará como la hacen los pueblos civilizados, siempre que no se opongan las prácticas de ellos a algunos de los artículos del presente tratado que deben ser la primera y más........

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