Tres meses sin trotar
Llevaba varios años trotando con cierta constancia —sin mayores ambiciones ni objetivos relevantes— hasta que una desafortunada lesión, a finales de septiembre, me obligó a parar. Tres meses sin trotar parecen poco, pero a estas alturas puedo asegurar que esa pausa forzada ha tenido un serio impacto en mi bienestar. Hablo de la rutina que desaparece: levantarse muy temprano, recorrer las calles y volver a la casa con una sensación de compromiso cumplido y con la mente despejada. Cuando eso falta, el día empieza de otra manera y uno advierte, sin proponérselo, que el cuerpo y la cabeza extrañan algo que parecía secundario.
Con el súbito sedentarismo, la........
