Valió la pena
Ser adulto en Navidad es un oficio silencioso. Solo que ahora, dos días después, se nota más. Las luces se apagan, el WhatsApp deja de sonar y el comedor vuelve a ser simplemente comedor, ya sin la ilusión de escenario.
De niño, diciembre era una promesa. La casa olía distinto, el calendario se aceleraba hacia una noche que parecía milagrosa y el mundo entero se dejaba convencer por una idea sencilla, alguien iba a pensar en ti. Los regalos no eran solo objetos; eran la prueba de un cariño organizado en secreto.
Luego venía “el después”, ese nuevo año escolar que se sentía como un territorio recién descubierto. Los cuadernos limpios, los uniformes planchados, la emoción de estrenar mochila y de mostrar con orgullo lo recibido, fueran juguetes o ropa. Todo invitaba a creer que la vida empezaba de nuevo.
De adulto, en........
