México: Infancias en pausa o en ataúd
Datos analizados por la organización Servicios de Inclusión Integral y Derechos Humanos (SEIINAC), confirman que de 2015 a 2025, cada día asesinan en promedio a siete niñas, niños o adolescentes en nuestro país y, al mismo tiempo, hay 17 mil 520 fichas de búsqueda activas de menores de edad desaparecidos. Unos no vuelven a respirar, otros no vuelven a casa.
Son cifras que deberían detener a un país, no sólo por su tamaño, sino por lo que revelan de nuestra sociedad. Y no se trata de una competencia entre tragedias. Es un espejo que preferimos no ver.
Siete vidas apagadas diariamente hablan de una violencia que ya no distingue edades, de un México donde las infancias dejaron de ser prioridad. Pero las desapariciones cuentan algo diferente y, probablemente, más inquietante. Hablamos de una madre que vive con la herida abierta, de familias que viven entre la esperanza y el miedo. Es el Estado llegando tarde, o no llegando nunca.
Y detrás de esos números hay patrones de conducta que duelen: adolescentes, sobre todo mujeres, atrapadas en redes de explotación; niños reclutados por el crimen organizado u orillados al trabajo forzado.
Lo peor de todo, nos hemos acostumbrado a contar muertos, a difundir fichas de búsqueda.
Normalizando la violencia que viven, los que son el futuro de nuestro país.
En México, para muchos niños, niñas y adolescentes, ser menor de edad se traduce en no poder crecer… o desaparecer sin que nadie te encuentre.
Y la cuestión no es cuál tragedia te indigna más.
Mi pregunta es para los padres de familia que hoy abrazan a sus hijos antes de dormir: ¿qué certeza tienen de que mañana sus hijos no serán una cifra más.
