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Irán: La hybris del nuevo emperador

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Poco después del ataque a Irán por Estados Unidos e Israel en junio de 2025, el gobierno iraní inauguró en Teherán una nueva estatua recordando la derrota de Valeriano, emperador romano, en el año 257 de nuestra era, a manos de Sapor 1, entonces Rey de Persia. Valeriano fue el único emperador romano capturado y hecho rehén por el ejército iraní, por lo que nunca regresó a Roma.

Dicha victoria fue posteriormente inmortalizada en piedra por los persas, para recordar que la némesis del Imperio Romano fue haber invadido tierras pertenecientes a la dinastía Sasánida. La nueva estatua recién inaugurada y que recuerda dicha victoria, lleva inscrita la frase “te arrodillarás de nuevo”, subrayando la humillación sufrida por Valeriano a manos de Sapor 1 y lo que les espera ahora a las fuerzas invasoras.

Es con esta nueva contra narrativa que el gobierno iraní ha pasado a la ofensiva ante el bombardeo ilegal e injustificado, perpetrado nuevamente por fuerzas israelíes y estadounidenses, desde el 28 de febrero de este año.

En esta ocasión, los países ofensivos subestimaron la capacidad de respuesta del ejército iraní que, a pesar de haber perdido a su líder supremo, el ayatolá Alí Jameneí, ha orquestado una contraofensiva coordinada y descentralizada para atacar las bases militares estadounidenses ubicadas a lo largo del Golfo Pérsico y cerrar el comercio marítimo por el estrecho de Ormuz, afectando el abastecimiento global tanto de crudo y gas natural. 

El resultado ha sido un choque en  los mercados energéticos y la extensión de la guerra hacia las monarquías del Golfo, incluyendo a Omán, país que hasta antes del ataque armado había mediado entre las partes en conflicto en las negociaciones que tenían lugar en Ginebra.

Queda claro ahora que dichas negociaciones se mantuvieron solo para ganar tiempo en el despliegue de las tropas estadounidenses, ya que después del ataque sufrido en junio pasado, la capacidad nuclear de la República Islámica había prácticamente sido eliminada. Lo que en Ginebra estaba en juego, era la reducción de la capacidad balística iraní, algo que Teherán se mostraba reticente en aceptar, pues significaba renunciar a su capacidad defensiva frente a Israel. Por tanto, la nueva ofensiva estadounidense-israelí pretende ahora aniquilar a la élite gobernante y militar del país, así como diezmar su capacidad defensiva, para lo cual ha convocado a un cambio de régimen cuya eventual composición aún no está nada clara.

La posibilidad de organizar un nuevo régimen de gobierno, tal y como lo quieren Washington y Tel Aviv, resulta difícil mientras el país se encuentre asediado por los bombardeos, lo que podría alimentar más bien el nacionalismo y el resentimiento antioccidental de la población iraní y de la región, tal y como lo quiere el régimen actual al invocar la victoria de Sapor 1 sobre Roma.  El derrumbe de la República Islámica podría además desatar rivalidades étnicas y religiosas, y multiplicar la proliferación de células extremistas y militarizadas de filiación chiita, lo que elevará la inseguridad de Israel y los países del Golfo.

La resiliencia que ha mostrado el ejército iraní podría, en fin, crear el resultado contrario a lo que esperan los países ofensivos y fortalecer más bien a la República Islámica que, aunque debilitada militarmente, se mantendría como un bastión de resistencia a Israel y a los países que lo apoyan, incluyendo a varios del Medio Oriente.

La falta de visión con la que Trump inició esta segunda invasión se le revirtió ya. Para fines de marzo, el apoyo de la población había caído a menos del 40%, muy por debajo de la aprobación con la que inició su segunda administración. La caída de su popularidad se explica por el costo infligido por las guerras comerciales y las incursiones en el Medio Oriente a la economía de Estados Unidos, que ha golpeado el bolsillo de sus ciudadanos por la volatilidad en los precios de la gasolina y las expectativas de una mayor inflación.

En un acto desesperado por frenar el impacto del choque energético, Trump ha levantado temporalmente las sanciones impuestas a la exportación de petróleo ruso e iraní, con el fin de calmar los mercados, demostrando su falta de estrategia para conducir esta nueva guerra, alimentando manifestaciones en su contra en varias ciudades de la Unión Americana y del mundo, en donde abiertamente se rechazan sus medidas antidemocráticas e imperiales.

Dado que hace tiempo los líderes autocráticos y poderosos dejaron de encabezar sus ejércitos en el campo de batalla, como lo hicieron romanos y persas, Trump no corre el riesgo de caer prisionero en Irán, pero sí podría ser humillado políticamente desde Teherán. La generalización de la guerra asimétrica en el Medio Oriente -milicias luchando contra ejércitos profesionales- en la que el control del estrecho de Ormuz ha resultado clave para poner en jaque a los mercados globales, ha resultado ser un arma efectiva en manos de Irán para imponer condiciones a la ofensiva estadounidense.

No hay que olvidar que el nacimiento de la República Islámica derivó en una confrontación política con el entonces gobierno de James Carter, cuya reelección se frustró ante su incapacidad por liberar a los funcionarios estadounidenses que quedaron como rehenes cuando la embajada estadounidense en Teherán fue tomada por estudiantes revolucionarios.

En esta ocasión, la toma de Ormuz y la generalización de la guerra en el Medio Oriente se hace en un momento en que las campañas para las elecciones legislativas en los Estados Unidos se han iniciado e incluso impactado la votación sobre el presupuesto federal en el Capitolio. Como es sabido, desde el 14 de febrero el Departamento de Seguridad Nacional, encargado de la política migratoria y aduanal de los Estados Unidos, se encuentra paralizado por la incapacidad del Senado para obtener los votos necesarios para decidir su presupuesto.

Esto ha provocado la parálisis gubernamental más larga de la historia estadounidense, lo que sin duda les pasará la factura a los republicanos en las elecciones de noviembre. De prolongarse el conflicto, sobre sí todo si se escala a una invasión terrestre, la nueva incursión a Irán podría convertirse en la némesis de la soberbia imperial encabezada por Trump.

CATEDRÁTICO DE LA BUAP


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