El dinamitero loco
Hace un par de días, la embajada de Irán en Sri Lanka posteó en X una cronología de la narrativa que ha usado Donald Trump desde hace poco más de un mes (https://n9.cl/j832yj). Un discurso que va de la victoria anticipada a la amenaza explícita, de la autosuficiencia armamentística al llamado desesperado de ayuda, del desprecio a la OTAN a la exigencia de cooperación internacional, de la paz a la promesa de exterminar a toda una civilización. Reproduzco algunas de esas fechas y declaraciones del presidente estadounidense expuestas por la embajada:
3 de marzo: “Ganamos la guerra”. 7 de marzo: “Hemos derrotado a Irán”. 9 de marzo: “La guerra está terminando casi por completo, y de una manera muy hermosa”. 11 de marzo: “Debemos atacar a Irán”. 12 de marzo: “Ganamos, pero aún no hemos ganado del todo”. 13 de marzo: “Ganamos la guerra”. 14 de marzo: “¡Por favor, ayúdennos!”. 16 de marzo: “En realidad, no necesitamos ninguna ayuda”. “Si la OTAN no ayuda, sufrirán algo muy malo”. 17 de marzo: “No necesitamos ni queremos la ayuda de la OTAN”. 18 de marzo: “Nuestros aliados deben cooperar para reabrir el estrecho de Ormuz”. 20 de marzo: “La OTAN son unos cobardes”. 21 de marzo: “El estrecho de Ormuz debe ser protegido por los países que lo utilizan. Nosotros no lo utilizamos, no necesitamos abrirlo”. 22 de marzo: “Esta es la última vez. Le doy a Irán 48 horas. Abran el Estrecho”. 23 de marzo: “Hemos mantenido conversaciones muy buenas y productivas con Irán”. 30 de marzo: “Abran el estrecho de Ormuz inmediatamente o afronten consecuencias devastadoras”. 31 de marzo: “Está muy cerca (un acuerdo)”. 5 de abril: “¡Abran el maldito Estrecho, malditos locos, o vivirán en el infierno! ¡Ya verán! Alabado sea Alá”.
Habría que agregar tres fechas más: 6 de abril: “Estoy bombardeando Irán para salvar a los gays”. “Todos los puentes de Irán habrán sido destruidos para las 12 de la noche de mañana”. 7 de abril: “Una civilización entera morirá esta noche para no volver jamás”. “(Los iraníes) Me pidieron que detuviera la fuerza destructiva que se enviará esta noche a Irán (…) Acepto suspender el bombardeo y el ataque durante un periodo de dos semanas”. 8 de abril: “Un gran día para la paz mundial. Los Estados Unidos ayudarán con el atasco de tráfico en el Estrecho de Ormuz (…) Irán puede comenzar el proceso de reconstrucción (…) Esto podría ser la Edad de Oro del Medio Oriente”. 9 de abril: ¿?
Las declaraciones de Trump bien podrían tomarse como las de un hombre que cree que, en política internacional, la incertidumbre es un combustible que alimenta errores de cálculo o que obliga a los otros actores a prepararse para el peor escenario. No en balde casi 14 millones de iraníes se habían ofrecido como voluntarios para defender instalaciones nucleares e Irán había advertido que respondería “más allá de la región” si Trump cumplía sus amenazas. Pero esta vez habría que tomar en cuenta otro ángulo en las declaraciones de Trump: Estados Unidos no es una potencia cualquiera. Es el único país que ha utilizado armas nucleares en una guerra. Eso convierte cada referencia implícita o explícita a la destrucción total en algo más que un discurso. La diferencia entre la locura individual y la amenaza creíble es, precisamente, el historial de la bomba atómica. En otro contexto, sería ruido; en éste, suena a señal. Por eso, aunque parezca broma la narrativa, importuna que el lenguaje presidencial vacile entre la hipérbole religiosa (“Alabado sea Alá”) y la amenaza apocalíptica (“vivirán en el infierno”); entre las bravuconadas (“Ya ganamos la guerra”) y la idea de apretar el botón nuclear. Ya hemos tratado en esta columna los aires de emperador que tiene Trump.
Si algo debemos de aprender de la volatilidad de Trump es que no hace falta que caiga una bomba para que empiece una guerra. Basta con que alguien con capacidad de lanzarla hable como si ya la hubiera lanzado. Irán, mientras tanto, sigue ganando la guerra mediática tras la serie de ridículos internacionales de Trump. Sus embajadas siguen ejerciendo bullying sobre el presidente estadounidense. Y, además, siguen los iraníes con la “mano puesta en el gatillo”. No le creen al dinamitero loco. Menos a Israel.
POR ALEJANDRO ALMAZÁN
