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El año que empezamos peligrosamente

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12.01.2026

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Si la intervención militar de Estados Unidos en Venezuela no produjo un conflicto bélico mundial, es porque las potencias se han puesto de acuerdo sobre la distribución de sus áreas de influencia.

Ahora Rusia con mayor razón se sentirá autorizada a apoderarse de Crimea y del Donbás, y a tener abierta de ese modo su salida a través del mar Negro al mar Mediterráneo. Y ahora China se sentirá autorizada a convertir en realidad geopolítica la doctrina de “una sola China”, con la que ha gobernado por décadas su trato con el mundo entero, y a ocupar Taiwán cuando llegue el momento.

Para repartirse el mundo de acuerdo con su poder, las grandes potencias siempre necesitaron una guerra. La Primera Guerra Mundial desplazó del poder efectivo a cuatro imperios: el ruso, el alemán, el otomano y el austrohúngaro. La Segunda Guerra Mundial destruyó el imperio alemán que Hitler había reconstruido, el italiano, el japonés, y convirtió a los británicos en una potencia de segunda fila.

Todos sabemos que de las ruinas de Berlín, de las cenizas del Japón y del hotel Mount Washington de Bretton Woods emergió el poder hegemónico de los Estados Unidos y del dólar sobre el mercado mundial. Y que las principales víctimas de la guerra, la China, con veinte millones de muertos, y la Unión Soviética, con otros veinte millones de muertos, quedaron sin embargo por fuera del orden de la posguerra, a pesar de que la Unión Soviética fue el aliado sin el cual no se habría podido derrotar a Hitler........

© El Espectador