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Hasta nunca, presidente Gustavo Petro

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03.08.2026

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Yo no voté hace cuatro años por Gustavo Petro para que salvara a nadie, redimiera a los pobres, nos llevara a una arcadia de vida sabrosa, a volvernos potencia mundial, ni de la vida ni de nada. Tampoco para que salvara al planeta de sus depredadores, ni de sus genocidas ni dictadores. Nunca fui petrista, pero sí creí que, dada la magnitud de la proeza de derrotar a un aparato político, y mental y social y cultural, muy viejo, inamovible, monolítico, endogámico, dado el tamaño de ese desafío, de la ocasión única y feliz de hacer historia, el tipo podía dar la talla.

En realidad, me contentaba con que al menos hiciera un par de cosas: una, que alcanzara la paz. ¿Quién si no un exguerrillero podría conseguirlo, quién mejor que él les hablaría en su lenguaje para convencerlos de que sí es posible proponer desde la democracia y la legalidad unas visiones y un modelo distinto de país? No vale la pena volver a decir que el fracaso fue estruendoso, y que hoy la guerrilla tiene más hombres que hace cuatro años, ni recordar a los “Calarcá” y otros “gestores de paz” pillados movilizando armas, plata, uniformes, en autos oficiales, o la afrenta del tarimazo en Medellín, con varios capos de los grandes en día de permiso carcelario para acompañar a........

© El Espectador