Del odio al amor
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He tenido que rehacer esta columna varias veces para actualizar mi opinión ante las tensas y cambiantes relaciones de los presidentes Trump y Petro, pues de un día en el que parecía probable que el mandatario colombiano estaba a las puertas de una prisión americana pasamos a que ahora está en el umbral de la Casa Blanca. Sin duda, esta montaña rusa es una buena noticia, tal vez la única que en relaciones internacionales ha dado a conocer este Gobierno, por la buena gestión de nuestro embajador Daniel García-Peña.
Ya a Trump le parece un gran honor haber hablado con quien unas horas antes sindicaba de tener una fábrica de cocaína y ser un enfermo, mientras Petro ya no cree que su homólogo tenga mente senil. Ambos seguramente aprenderán de la prudencia diplomática, pero sobre todo de los desaciertos por gobernar a través de las redes sociales y escribir sin pensar.
Pero que hoy soplen vientos de apaciguamiento de un Petro que parecía estar más interesado en el caos y hasta en que no hubiera elecciones, no puede significar que se ignore lo sustantivo de esta........
