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Derecha criolla

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El delito de opinión no existe, como dicen los congresistas que han salido a defender las frases de Trump y a pedir, con sorprendente entusiasmo, una intervención gringa en Colombia. Y tienen razón: opinar es legítimo en una democracia. Lo que sí es censurable es cambiar de opinión según convenga a los intereses políticos del momento. Paradójicamente, quien defendía el derecho a cambiar de opinión era Santos, convertido luego en el enemigo más acérrimo de esta derecha, cuando al apostarle a la paz anotó que “solo los idiotas no cambian de opinión”. Ahora, siguiendo esa línea teórica, sueñan con que Colombia se vuelva como Venezuela.

Porque desean exactamente eso: que este país tan tropical también amanezca con helicópteros a las cuatro de la mañana y que se lleven a Gustavo Petro —con hijos........

© El Espectador