El centro en movimiento
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En Colombia, cerca del 50 % de las personas sienten que no tienen por quién votar. No porque no les importe el país, sino porque no se reconocen en los extremos que dominan la conversación pública. A esa mayoría suele llamársele “el centro”. Y con frecuencia se le acusa de tibia, indecisa o cómoda.
Mi experiencia escuchando a la gente dice otra cosa. Durante años he liderado múltiples análisis de inteligencia colectiva: procesos diseñados con una metodología para escuchar, de manera científica y sistemática, cómo las personas interpretan su propia realidad política a partir de sus relatos y experiencias. No son encuestas tradicionales ni debates ideológicos. Son espacios digitales donde miles de personas cuentan historias reales sobre liderazgo, frustración, cuidado, logro y conflicto; y donde esas historias, analizadas en conjunto, permiten ver patrones profundos de cómo pensamos y actuamos como sociedad.
Y lo que aparece en estos análisis con mucha claridad —particularmente en Colombia— es esto: la mayoría de las personas no piensa la política en términos de izquierda y derecha. La piensa en términos mucho más concretos. Habla de lo que le parece justo o injusto, de si siente cuidado o abandono, de si confía o no en quienes toman decisiones. Quiere cambios, sí. Pero no a cualquier precio. No quiere que el país se rompa para volver a empezar.
De hecho, cuando se les pregunta directamente qué tipo de cambio necesita Colombia, el patrón es sorprendentemente consistente en el tiempo. En ejercicios realizados en 2018, 2021 y 2024 —usando exactamente la misma pregunta—, la gran mayoría de las personas se ubica en un punto intermedio: no quiere mantener el estado actual de las cosas, pero tampoco apuesta por rupturas radicales. Prefiere hacer cambios y ajustes al sistema, cuidar lo que funciona y transformar lo que no, sin saltos al vacío. Eso no es ambigüedad. Es criterio.
Entonces, ¿por qué ese centro mayoritario no logra movilizarse? Porque el centro se ha quedado en la moderación como postura, pero no se ha convertido en movimiento. Ha sido eficaz para gobernar en tiempos de estabilidad, para administrar acuerdos y contener excesos. Pero resulta insuficiente para convocar en tiempos de........
