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Gloria Zea

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22.03.2019

Enterrar a la madre es una de las experiencias más duras que la mayor parte de la gente debe padecer. Y para entonces ya no importa el pasado, ni el tipo de relación que existió, ni el tamaño de sus defectos o virtudes, ni qué tan maternal, amorosa, indiferente, cariñosa o severa haya sido la madre. Sepultar a la persona que nos trajo al mundo se hace una sola vez, y es una vivencia para la cual nadie está realmente preparado.

En mi caso personal, ahora que falleció mi madre, Gloria Zea, pude presenciar, junto con mi hermana y mi hermano, algo que pocos han tenido la suerte de ver en toda su vida: uno de los homenajes más hermosos y conmovedores que se han rendido en honor a un ciudadano colombiano. Y, en mi opinión, fue uno de los más merecidos.

Porque Gloria Zea era una verdadera fuerza de la naturaleza. Una mujer incansable que faltando apenas horas para morir, y luego de sufrir graves crisis de salud a lo largo de los años, seguía al teléfono, dando instrucciones para el estreno de la ópera de la noche siguiente.

Es fácil olvidar que esta dama trabajó toda la vida en un campo sin recursos. Que su lucha principal y constante, en cualquiera de los muchos proyectos de gran alcance que emprendió, era conseguir primero los fondos para convertirlo en realidad. Que trabajó en un medio que carecía de respeto y de apoyo estatal, que era menospreciado y sin falta aplazado, porque siempre había otras prioridades en la agenda nacional, otros frentes más imperiosos e importantes. Pero eso no impidió que ella, a fuerza de tacto, tenacidad, persuasión y elegancia, transformara el ámbito de la cultura en Colombia. Y lo transformó para siempre.

Porque Gloria Zea jamás aceptó la tesis de que la cultura tenía que esperar mientras se resolvían los demás problemas de la nación, así parecieran más urgentes. De ser así, decía a menudo, la cultura, y más en un país pobre como el nuestro, jamás tendría el valor o el lugar que se merece. Por eso dedicó su vida a nadar contra la corriente, a empujar montañas y a luchar sin descanso por alentar y promover las artes en todas sus expresiones. Porque si........

© El Espectador