Caché y el fútbol de gestos
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Continúo refiriéndome a Yeni y Caché como protagonistas de aquellas convivencias pacíficas del Chocó a las cuales los grupos armados comenzaron a arrasar en 1990.
Hoy Caché trabaja en Berlín. Lo contrató una empresa de inteligencia artificial a la cual apoyan futbolistas negros. Buscan perfeccionar sus jugadas y de esa manera contrarrestar el racismo ejercido contra ellos. Caché ganó fama porque aprendió a leer la emotividad de los contrincantes y usarla en su contra. Su nuevo trabajo consiste en analizar videos de los equipos rivales y aclarar el sentido de gestos, muecas y posición de los hombros: los caídos son seña de frustración; levantados de éxito y los muy alzados, exceso de confianza. Estudia gritos, amenazas de palabra o de ademán; penetración de miradas que contraen y arrugan la frente. Coteja esa información con detalles que tan sólo revelan las cámaras de alta resolución: pupilas dilatadas o párpados cerrados, hasta producir perfiles de fortalezas y debilidades. Entre más engreídos, más inseguros. La iracundia esconde debilidad; la arrogancia, inseguridad; la tranquilidad, una confianza difícil de derrotar.
¿Cómo es que Caché logró pasar de niño aterrado en las selvas de Boca de Pepé a pedagogo deportivo?
Sumergido en los recuerdos de sus papás desaparecidos en Urabá, Caché había llegado casi mudo al puerto sobre la desembocadura del río Pepé al río Baudó. Su abuela Fidelina le hacía........
