Las lágrimas de las cosas
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Al final de cada año, tu hijo espera una hilera de sorpresas y expectativas aún inexploradas: una sobredosis de futuro. Aguarda ese momento de promesa que encierra un paquete intacto. Saborea la furia de desenvolverlo. Ama a su manera la ceremonia del papel, el lazo, estrenar, la música y las luces, la llamada mágica de lo nuevo. En realidad, el niño, curioso, no anhela el objeto sino el descubrimiento: prefiere el ritual al regalo.
Como la luna, estos días tienen también su cara oculta. El retorno cíclico de las fiestas y de sus símbolos aterroriza a quienes perdieron a una persona querida. La inercia de las costumbres nos ata a los ausentes. Nos golpean con sigilosa violencia las celebraciones que viviremos por primera vez sin ellos. De repente la muerte convierte los objetos cotidianos y compartidos en filos de cuchillo, y la pena nos roba ciudades, canciones, itinerarios, cumpleaños, diminutivos. Hay que domesticar, uno por uno, el dolor de los lugares donde anclamos la........
