Ceremonias del adiós
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No sabías que eran las últimas palabras. Fueron cariñosas, sí, pero veloces, inconscientes, atenuadas por la costumbre. Daban por supuesto un mañana, un pasado mañana. Hace catorce años de aquel adiós desprevenido. No estabas a su lado cuando la vida huyó, no secaste el sudor de su frente, no pudo buscar tu mano, no escuchaste su última respiración. Tu padre murió sin ti. Tanto tiempo después, ese pensamiento aún escuece: faltaste, perdiste la despedida.
Nada disfrutaba tanto tu padre como hablar. Heredaste de él esa forma de mirar el mundo a través de un velo de palabras. Y cada vez que algo te sucede o te preocupa, renace el…
Nada disfrutaba tanto tu padre como hablar. Heredaste de él esa forma de mirar el mundo a través de un velo de palabras. Y cada vez que algo te sucede o te preocupa, renace el impulso de empuñar el teléfono para contarle, para escuchar ese timbre y esas inflexiones que permanecen grabadas en la memoria de tus oídos. “A los muertos los sepultamos. Sin embargo, nadie nunca les sepulta la voz. Vivas guardo las........
