Callecitas de Honda
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Durante muchos años asocié a Honda, Tolima, con las paradas de Expreso Bolivariano en mis viajes entre Manizales y Bogotá. Honda era sinónimo de un calor pegotudo, de bulla, de vendedores que ofrecían comida a través de la ventanilla del bus y de la única oportunidad de estirarse y entrar al baño, luego de cuatro horas de carretera, y cuando todavía faltaban otras cuatro horas de curvas y de alguna insufrible película de Jackie Chan intercalada con largas tandas de vallenatos (yo, en nombre de todos los viajeros de carretera, os doy infinitas gracias a ti, Nathaniel Baldwin, inventor de los audífonos, y a ti, Daniel Ek, creador de Spotify, por tan soberano beneficio).
Honda era para mí un infierno con olor a pescado, en el que una parada de 30 minutos resultaba más que........
