Belén de Umbría; epicentro agroindustrial del plátano
Por: Walter Benavides antia
Risaralda ha transitado de un modelo de dispersión productiva, caracterizado por el cultivo de plátano como sombrío marginal del café, hacia una especialización agroindustrial focalizada en Belén de Umbría, Pereira, Apia y Santuario. Si bien muestran una disminución en la superficie sembrada (31% en la última década), la productividad ha experimentado un repunte cualitativo, elevando los rendimientos promedio de 7 a más de 10 toneladas por hectárea en los municipios tecnificados. En el ámbito comercial, el periodo 2021 a 2025 se ha caracterizado por una alta volatilidad de precios en la central mayorista Mercasa, por fenómenos climáticos como La Niña y cambios en la cadena de suministro nacional. No obstante, e cuenta con canales de exportación directa a mercados de la Unión Europea y Estados Unidos, reduciendo la dependencia de intermediarios tradicionales.
Históricamente, el plátano ha jugado un rol subordinado al café, sirviendo como sombrío transitorio o permanente y garantizando la seguridad alimentaria básica de las familias recolectoras. Sin embargo, la necesidad de diversificación de ingresos, han otorgado al plátano una autonomía económica creciente.
Colombia mantiene una superficie cultivada superior a las 475 mil hectáreas, con una producción de 4.3 millones de toneladas anuales, donde Risaralda aporta aproximadamente el 4% de la producción total que, aunque modesta frente a la producción de Arauca, Urabá o Meta, es el cultivo que irriga liquidez semanal a la economía rural, actuando como la “caja menor” que financia los costos operativos de otros cultivos de ciclo largo y el sustento diario de miles de pequeños propietarios.
Pero, la reducción sistemática del área sembrada es evidente. Al comparar la línea base de 2014 con datos consolidados de 2023 y 2024, pasamos de 19 mil hectáreas a 13 mil hectáreas sembradas, pérdida de más de 6 mil hectáreas, que no es un fenómeno aislado, sino la consecuencia de tres factores que se agudizaron entre 2021 y 2025:
Presión Urbanística e Inmobiliaria: Pereira, Dosquebradas, y La Virginia, ha devorado suelos de alta vocación agrícola. La transformación de fincas productivas en condominios campestres y zonas de expansión habitacional ha desplazado la frontera agrícola hacia zonas de ladera más lejanas y menos accesibles.
Sustitución por Cultivos de Exportación: El “boom” del aguacate Hass ha incentivado a muchos propietarios a reconvertir sus cultivos de plátano y café. Aunque el aguacate ofrece promesas de rentabilidad en dólares, su ciclo de retorno es más lento, lo que ha generado vacíos de liquidez que el plátano solía cubrir.
Déficit de Mano de Obra: El envejecimiento de la población campesina y la migración de los jóvenes hacia centros urbanos o al exterior han encarecido la mano de obra. El cultivo de plátano, exigente en labores de deshoje, deshijé y cosecha, se ha visto afectado por la falta de relevo generacional.
Finalmente, a pesar de esta reducción en superficie, el volumen de producción no ha disminuido. Los productores que permanecen en la actividad han adoptado paquetes tecnológicos más robustos, densidades de siembra optimizadas y mejores prácticas de fertilización, logrando producir más en menos tierra.
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