2026: en la frontera donde hasta las piedras trabajan
Alguna vez alguien dijo, medio en broma y medio en serio, que en esta frontera no trabaja quien no quiere; que basta un poco de ingenio y otro tanto de audacia para transformar cualquier cosa en sustento. La frase sonaba exagerada, casi como una leyenda urbana que se repite para presumir fortaleza económica, hasta que la realidad decidió confirmarla sin adornos.
La historia cuenta que un padre aseguró a su hijo que en este lugar era posible levantar un negocio de lo que fuera, incluso —dijo sin titubeos— vendiendo piedras. El muchacho sonrió con incredulidad. Pensó que se trataba de una metáfora. Sin embargo, al poco tiempo de llegar, en uno de los cruceros más transitados, la escena fue reveladora: un hombre ofrecía pequeñas piedras en bolsitas de plástico, útiles para quitar la pelusa de la ropa. Piedras. Con precio. Con clientela.
Ese instante explica muchas cosas. Aquí la sobrevivencia no se improvisa: se construye todos los días. Se afina con la experiencia y se corrige con el error. Hay quienes venden burritos al amanecer........
