Cuando la buena vecindad termina en la garita
Durante generaciones, quienes hemos vivido en la frontera norte de México aprendimos que Estados Unidos era otro país, sí, pero no necesariamente otro mundo, para un juarense, cruzar a El Paso nunca tuvo exactamente el mismo significado que para alguien de Guadalajara, Puebla o Mérida viajar a Estados Unidos. Cruzamos para comprar, comer, visitar familiares, llevar a los niños de paseo, acudir al médico, asistir a algún evento o simplemente pasar unas horas “del otro lado”.
La frontera produjo, durante décadas, su propia realidad social, y esa realidad parece estar chocando ahora contra una interpretación mucho más rigurosa de las reglas migratorias estadounidenses.
La pregunta es inevitable ¿Se endurecieron las leyes o simplemente Estados Unidos decidió aplicar con mayor rigor leyes que siempre estuvieron ahí? La respuesta parece inclinarse mucho más hacia lo segundo.
La visa nunca ha sido un derecho, hay que empezar por una verdad jurídica frecuentemente olvidada, una visa estadounidense no constituye un derecho adquirido para un extranjero, es una autorización otorgada por el gobierno de Estados Unidos que permite al extranjero presentarse en un puerto de entrada y solicitar admisión al país. Incluso poseer una visa vigente no garantiza la entrada.
Y para obtener una visa de turista B-2 o la tradicional B-1/B-2, el solicitante debe convencer al gobierno estadounidense de varias cosas fundamentales: que pretende realizar una visita temporal, que cuenta con recursos para sufragarla, que utilizará la visa para las actividades autorizadas y, fundamentalmente, que regresará a su país.
Trabajo, patrimonio, residencia, familia, actividad profesional, estabilidad económica y arraigo forman parte del conjunto de circunstancias que puede analizar la autoridad, eso no es nuevo, ha estado ahí durante décadas, lo que parece haber cambiado es el cristal a través del cual Washington observa ahora esas mismas circunstancias.
La visa láser es un documento creado para una realidad fronteriza, los fronterizos conocemos particularmente la Border Crossing Card, la BCC o simplemente “visa láser”, no es casual que exista, es el reconocimiento jurídico de una realidad social y económica imposible de ignorar, millones de mexicanos mantienen una interacción cotidiana con Estados Unidos.
La propia regulación estadounidense permite que ciudadanos mexicanos utilicen este documento bajo condiciones especiales en la zona fronteriza. La BCC es, además, una visa B-1/B-2 y generalmente tiene vigencia de diez años, pero para obtenerla también deben demostrarse vínculos con México........
