Quijotesco juramento
Ciudad de México.- Extraño aspecto mostraba el chofer de Trump cuando aquella mañana llegó a la Casa Blanca. Iba fumando un puro, llevaba en las manos un pay de calabaza y traía el rostro lleno de manchas de lápiz labial. El jefe de personal le preguntó a qué se debía tan inusitada traza. "Yo mismo no me la explico -manifestó, confuso, el hombre-. Después de pasar un par de días en el campo venía yo por un camino rural, y un cerdo se atravesó al paso de mi vehículo. No pude evitar atropellarlo. Me detuve, desde luego, y fui a la casa donde supuse que vivía el dueño del animal. Ahí estaba el granjero con su esposa y su hija. Les dije: 'Soy el chofer de Trump. Acabo de matar al cerdo'. Sucedió entonces lo que no me explico. El granjero me felicitó, jubiloso; me abrazó y me obsequió un puro. La señora me agradeció lo que había hecho y me dio este pay de calabaza. Y la muchacha me llamó su héroe y me llenó de besos. De veras, no lo entiendo". Reconozco que el anterior relato tiene todos los visos de ser apócrifo, pero aun así me sirve para ilustrar el repudio que suscita en muchos la figura del amarilloso ocupante de la Casa........
