Que vivan muchos años, y que yo lo vea
Ciudad de México.- ¡Feliz Año Nuevo, queridos cuatro lectores míos! He aquí una sucesión de alegres cuentecillos para enmarcar la fecha... Una linda chica subió al autobus de pasajeros. Desolada se dio cuenta de que no había ningún asiento disponible. Se resignaba ya a viajar de pie cuando un caballero de avanzada edad se puso en pie y le dijo cortésmente: "Señorita: permítame usted cederle mi lugar". Ella aceptó agradecida el gentil ofrecimiento. Llegados al final del trayecto se dirigió al maduro pasajero: "No tengo con qué pagarle su amabilidad". Respondió con un suspiro pesaroso el provecto señor: "Usted sí tiene con qué pagarme. Yo soy el que no tiene ya con qué cobrar"... Un hechicero estaba en su tugurio con su mujer. Se ocupaba en arreglar las cosas de su oficio: sus calaveras, su lechuza disecada, sus peroles, sus maléficas yerbas. En eso alguien llamó a la puerta. El hechicero abrió. Quien había llamado era un horrible sapo. El brujo se volvió hacia su esposa y le dijo: "Es aquel hombre con el que me fuiste infiel. A pesar de lo que le hice te viene a expresar sus buenos deseos por el Año Nuevo"... La abuelita estaba tejiendo en su mecedora. En eso se oyó sonar el timbre de la puerta. La........
