La soberbia
Ciudad de México.- Todo indica que jamás terminarán las desventuras maritales de don Cucoldo. Hace unos días sorprendió a su esposa en coición adulterina con un sujeto de baja condición social, a juzgar por las expresiones que profería al realizar el acto. Decía "mamasota", "cochononas" y otros terminajos de similar jaez, contrarios todos a las más elementales reglas de la gramática. Seguramente los habría criticado don Rufino José Cuervo, maestro en el uso del lenguaje. Me da pena decirlo, pero a la vista de tan ilícito espectáculo don Cucoldo no se pudo contener y le enrostró a su mujer la palabra de las cuatro letras. Le contestó, mortificada, la señora: "¡Ay, Cucú! ¡Ya vas a empezar con tus indirectas!". Florenciana, estudiante de enfermería, le contó a una amiga: "Presenté el examen de Anatomía ante tres maestros. Me tocaron los órganos sexuales". "¡Mira! -se asombró la amiga-. ¡Tan serios que se veían!". Don Felipe Brondo tenía su tienda de artículos religiosos frente a la Plaza de Armas de mi ciudad, Saltillo. Hombre bueno, bonísimo era él. Católico devoto, apoyó moralmente la rebelión cristera, y por eso sufrió larga pena de prisión en las Islas Marías. Uno de los artículos que más........
