La magia
Desde esta altura del año, cerca ya de la cumbre, se disfruta de una perspectiva amplia, panorámica. Me acomodo sobre una roca, me coloco la ... capucha de mi chaqueta y respiro hondo. El viento es muy frío, no puedo verme la cara, pero estoy segura de que las mejillas se me han enrojecido. Miro hacia abajo: veo las luces de Navidad y, por debajo de las luces, veo a los hombres y las mujeres que habitan este tiempo, caminar por las calles. Desde esta altura, tengo la impresión de que lo que está lejos parece que está cerca, y de que lo que está cerca, parece estar lejos porque nada hay más remoto que lo inmediato. Levanto la vista: aún sobrecogen los incendios del verano, las llamas todavía crepitan, allí, al fondo, pero en la ciudad nos hemos olvidado pronto del fuego. Nos prometimos que no lo haríamos, que estaríamos vigilantes, que mantendríamos las exigencias, pero nadie habla ya de las condiciones de los bomberos forestales, ni del estado de los montes, ni de la necesidad del pastoreo, ni de las insuficientes partidas presupuestarias. Nos hemos olvidado; sin embargo, si se sentaran a mi lado, lo verían: verían el fuego en el horizonte. Algunos animales ya han comenzado a huir.
Desde esta altura, también pueden escucharse las consignas que los trabajadores y las trabajadoras de las fábricas proclaman en las manifestaciones. La amenaza de despidos y de cierres ha estado presente en el año que se va. Si entrecierro los ojos y centro mi vista de miope, soy capaz de ver cómo algunos hombres con corbata desmantelan el tejido industrial mientras hablan en........
