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Del esperpento al despropósito y, de ahí, a la ignominia

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11.01.2026

Trump y Netanyahu celebraron juntos la llegada del 2026 en Mar-a-Lago

Los recientes acontecimientos ocurridos en Venezuela, con la intervención militar estadounidense que derivó en la captura de Nicolás Maduro y su posterior traslado a suelo norteamericano, ha acrecentado la incredulidad de numerosas personas (entre ellas, la mía) ante una realidad que, sorprendentemente, sobrepasa todos los límites del despropósito. El escenario internacional siempre se ha movido sobre una especie de tablero de «Monopoly», en el que las grandes potencias, imponiendo sus propias reglas y saltándoselas impunemente cuando quieren, se aseguran cuotas de dominio y control. Pero, a día de hoy, junto a ese despotismo se ha instalado una especie de grotesca ridiculez e infames formalidades que, además de sobre el fondo, genera infinita vergüenza ajena sobre las formas.

En el concreto caso venezolano, se da la circunstancia de que la repulsa y el rechazo son absolutos. En primer lugar, sobre el propio régimen de Nicolás Maduro, autócrata y dictador de un régimen detestable. Manipulador de elecciones y concentrador de poder, encarna la antítesis de cuanto merece ser defendido. En segundo término, sobre las ansias de poder de Donald Trump, quien da una vuelta de turca al propio concepto de imperialismo y que, con tremendo descaro y chulería, anuncia su pretensión de hacerse con Groenlandia para entablar su nueva Guerra Fría (o caliente) con el resto de potencias mundiales.

Durante estas jornadas, he visto y oído a diversos dirigentes defender a uno y atacar al otro, como si a uno le asistiese la razón y al otro, la sinrazón. Y el problema radica justamente en que ninguno merece legitimidad, defensa ni apoyo. A título particular, me niego a mostrarles adhesión, pues ambos representan todo lo contrario a los valores de libertad, democracia y Estado de Derecho. Por........

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