Guardar la pluma en un mundo fragmentado
Decido guardar la pluma en un momento en el que, paradójicamente, resulta vital seguir escribiendo. El mundo atraviesa una fase de fragmentación profunda, de incertidumbre estructural y de replanteamientos de fondo que desafían a quienes intentan comprender —y no solo describir— el escenario internacional. Precisamente por eso, esta pausa no es indiferencia, sino conciencia del tiempo que vivimos.
Durante estos meses, estas columnas intentaron ofrecer una mirada sobre un sistema internacional que se aleja aceleradamente del orden liberal que lo sostuvo tras la Segunda Guerra Mundial. Un orden hoy tensionado por la disputa entre grandes potencias, por la erosión de los organismos multilaterales y por la pérdida de eficacia de normas pensadas para un mundo que ya no existe. El debilitamiento del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas —diseñado por y para los vencedores de 1945— es quizá el símbolo más evidente de una arquitectura institucional que requiere una reingeniería profunda, tanto en sus mecanismos de decisión como en su legitimidad política.
La reciente decisión de Estados Unidos de retirarse de decenas de agencias de Naciones Unidas y otros organismos internacionales no es un hecho aislado, sino un síntoma de época. Marca el repliegue de una potencia que, durante décadas, fue pilar —y a veces........
