El ocaso del abajo firmante
El abajo firmante es un ser sensible. No en vano es muchas veces activista, pero sobre todo artista. Cantante, actor, malabarista, escritor aunque también editor, académico, intelectual público y privado. En su origen, cuando la especie nació en París a mediados de los años cincuenta, solía ser “filósofo”. Solía llamarse Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir, quienes no fueron creadores del género pero sí sus máximos representantes. Albert Camus fue un tiempo también parte de los abajo firmantes hasta que se le exigió firmar declaraciones de defensa a presos argelinos que ponían bombas en el barrio en que vivía su madre. Dijo que prefería a su madre que la justicia y se convirtió en el enemigo natural del abajo firmante, el que recuerda que esta causa muy simple, muy evidente, no lo es tanto, que quizás después de todo hay dos lados de esa misma moneda, que uno no anula al otro sino que lo aclara.
Es lo que prefieren olvidar los abajo firmantes, ese núcleo central de una izquierda que ha perdido pueblo para ganar algo parecido al prestigio. El abajo firmante ve a Julia Chuñil, dirigente mapuche, defensora de los derechos ancestrales. Pero antes de saber nada con detalle ve su cara concentrada, achinada, que parece exactamente lo que es, la tierra, la rabia, la dignidad perpetua que en el sur de Chile no deja nunca de estar en juego. Una cara que inmediatamente da ganas de cantar, de manifestarse, de gritar indignado contra el empresario acusado de hacerla desaparecer que es todo lo blanco, lo alemán, que tiene el sobrepeso y la soberbia necesaria para ser el enemigo.
El bien y el mal irrevocables y una pregunta “¿Dónde está Julia Chuñil?” que por cierto no importa responder porque su ausencia sirve mejor al propósito del abajo firmante que la solución al enigma. Una solución que involucra justamente escuchar ese famoso “territorio” del que todos hablan pero pocos visitan. Y los hijos, y la sangre, y las pruebas al menos ambiguas. La verdadera miseria, la verdadera precariedad que es y no es la que abajo se firma, que es mucho más complicada, como es complicado el aparentemente muy simple caso de Gustavo Gatica. Porque en este caso el malvado acepta su papel hasta extremos de mal gusto y violencia........
