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La incongruencia de una democracia al borde de la fatalidad

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Bolivia atraviesa uno de esos momentos en los que la democracia deja de parecer un sistema de convivencia y comienza a asemejarse peligrosamente a un experimento social mal ejecutado. Un país donde una minoría ruidosa, organizada en sindicatos que hace tiempo dejaron de representar al trabajador y pasaron a representar el privilegio, decide cuándo el ciudadano puede circular, trabajar, producir o simplemente llegar vivo a su destino.

Y todo esto ocurre bajo la atenta, pasiva y casi contemplativa mirada de un gobierno que parece debatirse entre la teoría democrática aprendida en los libros y la cruda realidad de un país que nunca fue indulgente con la indecisión.

¿Gobernar con técnicos o con políticos? El falso dilema…

Muchos se preguntan —con justa razón— si la política en Bolivia requiere profesionales en cada área o políticos alrededor del presidente. La respuesta es incómoda para ambos bandos: requiere capacidad, algo que no siempre viene con el título universitario ni con el carnet partidario.

Un buen gobierno necesita técnicos que sepan qué hacer, políticos que sepan cómo hacerlo y un presidente que tenga claro cuándo imponer autoridad. Lo que no necesita es un gabinete paralizado por el miedo a quedar mal en redes sociales, ni un entorno presidencial que confunda diálogo con claudicación.

Porque dialogar no es aceptar el chantaje, ni negociar es permitir que se pisoteen derechos fundamentales.

Así tenemos que soportar a los sindicatos........

© El Día