El Síndrome de “Yo no conozco” y Bola de sebo
Cuando la semana pasada escribí “Sólo sé… ¡que nada entiendo!”, lo concluí escribiendo «Hoy me quedo en la acera del escepticismo, en espera de no-vedades. Que las habrá». Y las hubo.
Con un fondo bucólico (para que no se confundiera con una declaración oficial) luego de una decena de días en silencio presidencial, el Presidente Paz (aunque le quedaría más certero, me rehúyo aún a escribir “el presidente Paz”) dijo conocer “a medias” a su asesor Cerimedo (en realidad, “casi conocer”, ¿sería porque el casi-conocido tomaba decisiones y no le consultaba?) aunque propios (Cerimedo más) y extraños dijeran antes a pie juntillas lo contrario.
En la columna que me cito, ubiqué nuestro escandalazo (ya más que simple escandalete) en el mundo de lo Real Maravilloso de Carpentier y García Márquez pero cada vez más pareciera (por lo que de él se narra) que “el Asesor que no asesoraba” — tal convidado de piedra casi descrito así— era cual Lazarillo de Tormes en estas tierras pero yo prefiero verlo en estos momentos como Boule de Suif, la Bola de Sebo de aquel tierno y, a la vez, sutilmente ríspido (sin falso moralismo) cuento de Guy de Maupassant.
Boule de Suif era una dama —aunque Maupassant nos deja clara la idea de que era una cocotte—........
