Cuando el decreto reemplaza a la confianza
Bolivia siempre logra sorprenderse a sí misma. Cuando uno cree que ya lo vio todo, aparece una nueva modalidad de gobierno: estar ausente sin estar ausente, viajar sin delegar y mandar sin soltar. No es magia. Es decreto.
El DS 5515, promulgado por Rodrigo Paz, introduce oficialmente a la era del presidente absoluto: está fuera del país, pero gobierna; no pisa Palacio, pero manda; no delega, pero insiste en que no hay “vacío de poder”. Un logro notable de la ingeniería política y, al mismo tiempo, un síntoma claro de desconfianza institucional.
La explicación oficial es elegante: evitar vacíos. La explicación real es más humana y menos noble: no soltar el mando ni por accidente.
La Constitución —esa señora mayor a la que todos saludan pero pocos escuchan— no se enreda en tecnicismos digitales. Es simple: si el presidente se ausenta, el vicepresidente asume. No parcialmente. No simbólicamente. Asume. Así funciona una república desde que existen las repúblicas, hoy reconvertida en Estado plurinacional.
Pero aquí aparece el problema no escrito en........
