La ventaja de la complejidad: el método europeo
En Bruselas, el final de año no supone tanto el cierre de una agenda como la apertura de un nuevo ciclo. Si 2025 ha servido para tomar posiciones tras las elecciones europeas y fijar las primeras orientaciones de la nueva Comisión, 2026 será el año en que esas orientaciones se plasmen en decisiones con efectos duraderos. La negociación del Marco Financiero Plurianual 2028–2034 obligará a priorizar y a dibujar una distribución de recursos en un contexto más inestable de lo previsto, tanto en los ámbitos nacionales y europeos, como internacionales. Además, se pondrá a prueba la capacidad de simplificar y coordinar marcos regulatorios sin perder coherencia, de tal manera que el mercado único se parezca menos a una suma de excepciones nacionales y más a una escala compartida.
El nuevo presupuesto plurianual deberá reflejar el futuro de la política agrícola y su encaje en la transición ecológica; el impulso de una base industrial europea que pivota en torno a la defensa; la gobernanza de tecnologías clave; el fomento de la necesaria innovación y una política comercial que vuelva a ser una palanca sólida para avanzar. En este último ámbito, acuerdos como el de Mercosur ilustran bien el dilema europeo, particularmente cuando el debate se centra en la agricultura y las cláusulas ambientales. Abrir mercados, proyectar reglas y generar oportunidades económicas sin debilitar estándares sociales y ambientales, ni mermar la cohesión interna. En cada uno de estos frentes se pondrá a prueba el método europeo.
La Unión Europea funciona cuando converge, cuando 27 países con estructuras productivas y prioridades distintas comparten un marco para que personas, empresas e inversiones se muevan con previsibilidad. No se........
