El eslabón perdido de la campaña
La inseguridad se ha convertido en la principal preocupación de los peruanos. Asaltos, extorsiones y crimen organizado ya forman parte de la vida cotidiana, y la agenda electoral gira alrededor de este problema. Los candidatos lo saben y responden con un repertorio previsible: control de fronteras, más cárceles, inteligencia policial y tecnología. El problema no es el énfasis, sino la idea de que con eso basta. El riesgo es que la urgencia por la inseguridad vuelva a ocultar los problemas estructurales que el país posterga, en especial la generación de trabajo formal.
Endurecer el discurso no es suficiente. El país necesita un paquete inmediato de medidas de seguridad: inteligencia para desarticular redes de extorsión, coordinación operativa con el Ministerio Público y control penitenciario para impedir que las cárceles sigan funcionando como centros de mando. Sin embargo, el gran déficit del debate es la superficialidad. Se repiten promesas ambiciosas, pero rara vez se explica cómo se harán. Sin cronogramas ni estimaciones presupuestales, la seguridad corre el riesgo........
