De cuando lo que sucede en el mundo nos afecta
Uno de los ejercicios más difíciles en política es mantener la calma cuando el huracán de los acontecimientos globales golpea sin cesar. Pero precisamente por eso, porque lo que ocurre más allá de nuestras fronteras terminará por sentarse en nuestra mesa, conviene hacer una pausa, respirar y ordenar las ideas. Vamos por partes, con la serenidad que exige el análisis, pero sin perder de vista la crudeza de los hechos.
El Partido Único Europeo es una realidad. No me refiero a una formación inscrita en un registro, sino a una mecánica de funcionamiento: todos los partidos del arco parlamentario español —desde el Gobierno y sus socios, pasando por el Partido Popular, e incluso Podemos— han mostrado la misma alegría ante la reciente derrota de Viktor Orbán en Hungría. Las mismas afirmaciones, el mismo entusiasmo. Los woke, que tanto presumen de rebeldía, han dejado claro que no desean soberanía, sino sumisión a la mafia de Bruselas. Y permítanme un ejemplo muy claro, para que todo el mundo me entienda: lo ocurrido en Hungría es como si en España gobernara Abascal y le ganara las elecciones la señora Ayuso. Eso es, ni más ni menos, lo que ha sucedido. Magyar ha derrotado a Orbán, y la Europa unipartidista ha celebrado su victoria como propia.
Pero antes de profundizar en las consecuencias internas de este cambio, conviene detenerse en el tablero internacional. Porque mientras las “izquierdas” discuten de pactos y coaliciones, fuera siguen moviéndose las piezas del........
