Felicidad, qué bonito nombre
Felicidad, qué bonito nombre
En ocasiones, a la felicidad de ahora nos cuesta llamarla por su nombre porque nos recuerda que, en otro tiempo, fuimos más felices. E incluso cuando eso no es del todo cierto solemos preferir recordarlo de esa manera. No sé a cuento de qué, pero precisamos de esa especie de colchón o de salvoconducto: poder decir que en el pasado vivíamos mejor, aunque sea mentira. Como si ese mísero argumento nos eximiera de hacer algo para reconducir el presente que habitamos. Y entonces, claro, ocurre lo más previsible y lo que merecemos: que la felicidad que dejamos de llamar por su nombre deja de ser feliz y pasa a convertirse en otra cosa que no se sabe muy bien lo que es.
Hablando de felicidad: hoy pensaba en el verano que viene, en lo bueno que sería que una nueva conjugación de los astros nos permitiera dedicarlo por entero a chapotear en el río y a retozar en la hierba. Como si fuera el último: me refiero a la intención, a la intensidad, a las ganas de........
